miércoles, 25 de agosto de 2010

El juego del Escondite

1.

-¿Te vienes? -Preguntó una de ellas mientras la otra se acariciaba los pechos por encima de su camiseta y sacaba la lengua lamiéndose los labios.

-¿En qué sentido? -Preguntó él a su vez, simulando inocencia. La ocurrencia les causó gracia a las mujeres y sonrieron.

-En todos -Respondió nada inocente y expuso sus enormes pechos de pezones rosados-.

Los balanceó sensualmente un momento, se incorporó a medias y se giró dejando sus pechos desnudos a la altura de la cara de su amiga, sentada junto a ella. Se le insinuaba.

Pero su amiga no pareció comprender. El sí comprendió y se excitó aún más. Por el hecho de que una mujer en su hogar haya invitado a una amiga a observarlo con ella. Por el hecho de que no solo compartiesen esa inocente perversión, sino que además con esa postura y lenguaje corporal, dejaba claro su deseo, el que su amiga le bese esos pezones ya tan erectos.

Él no sabía mucho de ella. Habían tenido conversaciones, pero sabía poco en realidad. Su nombre, Marla, algunas de sus fantasías, su ciudad de residencia, los gustos personales que reflejaba en su perfil de la red social que compartían y nada más.

Su amiga había aparecido hoy, por lo que sabía aún menos. Su nombre, Samara y que le gustaba acariciarse los pechos lamiéndose los labios. Suficiente.

No sabía si Marla tenía alguna fantasía lésbica. Conocía algunas, sexo con un extraño en un lugar público, sexo con un hombre negro, sexo con dos hombres, exhibicionismo. No sabía si el que una mujer le lamiera los pezones era una. O quizá la fantasía fuese mas precisa y consistía en que Samara se los lamiese.

Si tenía esa fantasía, logró cumplirla. Samara luego de tener los pechos de Marla frente a su cara por un momento, comprendió. Adelantó la boca con la lengua fuera y dio una lenta y sensual lamida a los pezones de Marla. Parecía que fuesen a explotar.

Luego ambas miraron la pantalla apreciando la erección de ese miembro ancho y ahora mas largo que hace un momento. Sin duda eso que acababa de suceder era una de las fantasías de él. Exhibirse así para dos mujeres que jueguen entre ellas para él.

No estaba claro cuales eran las fantasías de Samara. Quizá ella también acabara de cumplir alguna.

-¿Te vienes? -Preguntó nuevamente.

-En todo sentido -Respondió él.

Ellas juntaron sus rostros frente a la camara en un primer plano de sus bocas abiertas. Esperaban su advenimiento como anhelando recibirlo sobre esas lenguas extendidas e inquietas. En sus movimientos llegaron a tocarse más de una vez, se acariciaron mutuamente, cosa que alcanzó para que él se fuese.

Ver su venida, ese hilo blanco que volaba lejos, las terminó de excitar y esas caricias con lenguas, se hicieron besos profundos, de bocas abiertas y lenguas intercambiadas.

Cortaron la comunicación sin despedirse.

Pensó que esa sesión íntima podría haber sido más extensa, más fructífera. Su activa y veloz imaginación le presentó otra realidad, diferente a la suya. Allí la conversación se prolongaba con ellas excitadas por lo que acababan de ver. Habiendo cruzado ese límite entre amigas tras haberse lamido los pezones, acariciado sus lenguas y besado como amantes, iban más allá. Con la cámara encendida, permitiéndole observar, se desnudaban una a otra, se besaban más, se acariciaban y Marla sometía a Samara, su objeto de deseo.

Ambas eran mujeres de incipiente madurez, ambas estaban solteras tras sendos divorcios hacía algún tiempo. Ambas eran sensuales, ambas tenían la dosis de morbo y perversión justas. Quizá parte de lo que había imaginado estuviese produciendose ahora mismo, pero no la parte que lo tenía a él presenciándolo.

Lo lamentó, ya que lo que fuese que estuviera pasando entre Marla y Samara estaba vedado a sus ojos.

Tampoco ellas sabían mucho de él. Nadie solía saber mucho de él. No se desnudaba tanto hablando como lo hacía frente a su cámara. Le era más sencillo mostrarse, que darse a conocer en una conversación. No decía en qué trabajaba, ni si tenía una relación, ni su edad, ni donde vivía, nada.

Estaba casado hacía años, tenía hijos, un buen trabajo, una vida social activa y mantenía esta doble vida, cuidando que no se acercasen.

Sin embargo no lo consideraba un engaño, no se consideraba infiel. Solo tenía sexo con su pareja pero alimentaba ese aspecto de su sexualidad oculta con su actividad secreta. No estaba físicamente con otras mujeres, pero aún así, no creía que su mujer comprendiese este matiz. Por esto mantenía el secretismo. Por eso no se daba a conocer.


2.

Sabía que no vería otra vez a Marla en sus contactos conectados. Sus amigas solían no volver. No establecía una relación con ellas más allá de la de sexo virtual.

Se equivocó. Marla lo saludó y conversaron un poco de temas triviales para él, normales para cualquier otro. Quería saber qué había sucedido luego que la conexión se cerrase. Todo lo demás que Marla pudiera decirle carecía de importancia, salvo eso que le dijo de pronto.

-¿Te vienes con nosotras?

No había cámaras, no había desnudez. Esa pregunta en este caso tenía un solo sentido. Encontrarse. Esto iba mucho más allá de lo que estaba dispuesto a hacer en esa vida secreta. Tenía un pacto interno, un compromiso, el de no tocar a otra mujer, lo que mantenía su convicción de no estar engañando a la suya. Pero esto, una invitación, como otras que había recibido. Pero distinta. Se le presentaba la oportunidad de tener un trío. Su más ferviente fantasía sexual. Un trío, un manege a trois, un threesome. Y no uno contratado, artificial, falso que pudiese haber tenido en cualquier momento. Uno real, con mujeres reales, que desean ese trío con él, como él.

Esa era su condición de salida al compromiso establecido. Un trío haría que dejase esa postura ascéptica. Haría que abandonase su cómoda habitación vacía, para ir a otra, llena de gente. Sería infiel bajo su criterio y el de todos.

-Cuando quieras -respondió en texto plano-.


3.

En la fecha indicada, un par de horas después de la establecida, en la mesa del salón quedaban solo 3 tazas de café vacías tras la cena. La sobremesa sería breve.

Marla retiró un poco su silla y cruzó sus piernas largas y expuestas en su mayoría bajo la corta falda que vestía. Tomó un cigarro largo y fino. Lo encendió aspirando profundamente el humo. Cruzó el brazo libre bajo sus prominentes pechos y sostuvo el codo del brazo fumador, manteniéndolo erguido. Un momento después expiró una nube gris mirando el techo con una sonrisa satisfecha.

-Ponte de pié -le dijo.

Lo hizo. Samara encendió un largo y fino cigarro blanco en silencio y observando.

-Quítate la camisa.

Lo hizo, sin prisas, mirándolas a ambas. Marla estaba excitándose con el juego del control y Samara igual, ya que su imaginación estaba en un futuro cercano.

-Ahora los pantalones.

Quedó sólo con los bóxer de tela blanca. Se adivinaba un abultamiento ahí, indicando una erección incipiente.

-Masajéatela.

Llevo una mano a ese abultamiento y aplicó masajes a lo largo de la forma cilíndrica que se acomodaba en una diagonal descendente bajo la tela. La otra mano se ubicó debajo, sobre el abultamiento inferior que provocaban sus testículos inflados.

-Sami, ven aquí.

Samara se puso en pié y se acercó a Marla, llevando su silla con ella. Se sentó a su lado. Se parecía bastante a la conversación aquella por cámara web. Él esperó que eso no fuese únicamente una conversación como aquella, pero mantenida en la misma habitación. No deseaba masturbarse para ellas y ya. Había dado ese paso, abandonando el cómodo y seguro anonimato para tener un contacto real por primera vez. Ahí estaba, a las puertas de cumplir su fantasía más deseada y temía que ese contacto no se produjese. Que todo se quedase en el exhibicionismo puro.

Esas dudas se afianzaron cuando Marla rodeo la espalda de Samara con su brazo izquierdo y posó su mano sobre ese enorme pecho sin sostén bajo la fina tela de su vestido elastizado. Dio otra succión a su fino cigarro a la vez que expulsaba el humo hacia arriba lejos de Samara y masajeaba ese enorme pecho con sus finas y femeninas manos de uñas a la francesa.

-Quítate el bóxer.

Lo hizo, revelando una prometedora semierección. Su cabeza se marcaba bajo el prepucio y las venas se habían inflamado, todo sin haber tenido ya una erección completa.

Samara al verlo bajo las caricias de Marla, se incorporó sentada, estirando su espalda, adelantando sus pechos, para intensificar la sensación de la mano de Marla. En respuesta al cambio de postura, Marla tiró hacia abajo de la porción de tela que cubría el pecho que acariciaba, dejándolo expuesto, mostrando un redondo y rosado pezón que se ocupó enseguida de empezar a estimular.

Sin duda algo había ocurrido entre ellas aquel día tras la interrupción de la comunicación.

-No te toques -Pidió Marla. Y él apartó sus manos de ese miembro casi erecto del todo.

Marla estiró el brazo con el que sostenía el cigarro alejándolo de Samara y se inclinó hacia ella, sacando la lengua fina y rosa. Apoyó la punta de su lengua sobre la punta del pezón desnudo, tocándolo apenas. Movió su lengua sutilmente, apenas, pero lo suficiente para hacer que Samara cerrase sus ojos al dejar escapar un corto y silencioso suspiro.

Marla desnudó el otro pecho de Samara. Eran muy grandes. Dio una rápida calada a su cigarro y lo dejó en el cenicero, mientras se ponía de pie detrás de Samara. Se inclinó para acariciarlos en toda su curvatura, rodeándolos con su manoseo, sin acercarse a sus pezones.

Ellas lo miraban y él las miraba sin tocarse. No hizo falta que se tocase para alcanzar la erección completa.

-Vamos al sofá.

Samara dio una ultima y rápida calada al cigarro dejándolo junto al de Marla y los siguió. Marla se acercó a él por detrás y le aplicó una sonora nalgada que lo sorprendió.

-Rico -Le dijo al oído con sucio aliento de fumadora-. Sientate allí -Le pidió, indicando el medio del amplio sofá.

Ellas se sentaron a su derecha, quedando Samara en medio. Marla volvió a acariciarle los pechos y además bajó una mano a su suave muslo, subiendo la caricia hasta llegar unos milímetros antes de su entrepierna, aunque Samara separase las piernas permisiva.

-Tócalo -Le dijo a Samara, y esta estiró una mano fina de dedos largos, con uñas negras, que puso sobre su pecho.

El seguía inmóvil y erecto.

La mano de Samara descendió tímidamente. Tocó su pezón derecho, acarició su estómago, su pubis, rodeó su erección y sus testículos y quedó en su ingle, aplicando una presión suave y firme. Presión que variaba en intensidad dependiendo de los masajes de Marla.

Esos masajes habían pasado de ser sobre sus pechos, a ser sobre un pezón y sobre su entrepierna. Marla había recogido la falta de Samara hasta exponer su braga blanca y luego había metido su mano bajo esta. Ahora se veía bajo esa braga semitransparente los movimientos aplicados por Marla sobre unos labios inflamados. Samara apoyaba su rostro sobre el hombro de él con sus ojos cerrados, la boca abierta y su lengua dándole suaves caricias sobre el cuello y su mano se posó sobre sus testículos gordos dándoles un suave masaje.

-A Samara le gusta que me la folle, que me la folle con polla... ¿te gustaría verlo? -Preguntó Marla.

-Sí -Respondió.


4.

En la habitación, Samara desnuda y muy excitada estaba a cuatro patas sobre la cama. Recibía a Marla por detrás, con su polla de silicona ajustada a su cintura. Jadeaban y gemían juntas. Mientras Marla se movía dentro de ella y le hablaba sucio, Samara decía que sí.

Luego del brutal orgasmo de Samara, durante el cual gritó, se movió y arrancó las sabanas de la cama por haberlas tenido aferradas mientras la follaban, Marla lo invitó a la cama.

Se acercó y Marla le dio la polla de silicona para que la chupe. Dudando un poco, consideró que ya estaba allí, había logrado su ansiado trío y no iba a tener reparos en disfrutarlo y hacérselo disfrutar a ellas. Si Marla se excitaba follando con polla a Samara y luego verlo a el chupando esa polla mojada, la chuparía. Un poco de humillación quizá lo hacía más interesante. Así que la chupo, saboreando de paso los restos de Samara.

-Eso... así... -Decía Marla mientra movía su cadera despacio. Acariciándole el pelo mientras le follaba la boca- Acuéstate.

Lo hizo. Samara se acercó y se acomodó sentándose en su boca para una 69. Calzados labios contra labios comenzó a comerla de inmediato. Y de inmediato sintió su polla enorme dentro de la boca de Marla que se alternaba con Samara en la mejor mamada que hubiese tenido nunca.

Y mejoró aun más, cuando Samara lo tomo por debajo de sus rodillas y lo guió para que abriese y recogiese sus piernas. Así, sus huevos colgaron libres y mientras Samara además se la comía, Marla le comió los huevos. Se sentía cercano al paraíso.

Pero entró a ese paraíso cercano por una puerta que no conocía, y que de haberla conocido, no creía que atravesaría. Marla comenzó a lamer su ano. Se lo lamió y metió la punta de su lengua mientras manoseaba sus huevos. Samara seguía mamándosela y moviéndose sobre su boca.

Con sorpresa sintio el dedo de Marla entrándole por el culo. Se quejo con la boca llena del coño inflado de Samara a la vez que su ano se apretaba por reflejo.

-Shhh... relájate. Va a gustarte, créeme.

En cuanto relajo su ano, Marla continuó metiéndoselo más adentro.

Y así cayeron sus defensas, sus tabúes, inhibiciones y prejuicios... tenia su ano penetrado con un dedo. Un dedo que llegó muy adentro, y que luego de un momento comenzó a follarle el ano, despacio, suave, atento. Se relajó por completo y se dedicó a sentir esa nueva sensación que lo transportaba a otra forma de placer.

Mientras Marla seguía follándole el ano en busca del punto G masculino, Samara se corrió en su boca. Con dificultad la mujer se puso en pie, se sentía agotada a causa de los multiorgasmos que había tenido ya causado por ambos.

-Voy al servicio. -anunció mientras se alejaba con paso inseguro acariciándose los pechos.

Marla ahora a solas con él en la cama, le hacía una paja con su mano derecha, le lamía los huevos, y lo penetraba con el dedo medio de su mano izquierda. Él gozaba como nunca, embriagado por las sensaciones.

Samara regresó y trajo con ella una banda de terciopelo negro, esposas plateadas y sogas de raso violeta. Sin titubear, mientras Marla seguía dándole placer, Samara de rodillas sobre la cama a su lado, tomo sus manos grandes y masculinas para esposarle cada muñeca a la cabecera de la cama.

Desde su posición recostado en la cama, veía el aún hinchado y mojado coño de Samara que había comido tan intensamente hacía un momento hasta que ella le puso la venda en los ojos, haciendo que las luces se apagasen y los placeres y sensaciones aumentasen al no estar distraído por el sentido de la vista. Y con las sogas, ató sus piernas por los tobillos, a la misma cabecera a la que lo había esposado. Sus piernas quedaron elevadas, flexionadas y separadas. Con las rodillas a los lados de su torso a la altura de su pecho, facilitaba la tarea de Marla.

Luego de esto Samara ya no participó. Esos multiorgasmos parecían haberla dejado agotada y satisfecha.

Con su ano relajado y acostumbrado a la penetración sintió como de pronto Marla se retiraba. En la oscuridad tras la venda sobre sus ojos, sintió como Marla se movía entre sus piernas abiertas, como se acomodaba. Al instante sintio como su ano se veía invadido de nuevo, pero ya no por un fino dedo femenino, era esa polla de silicona.

-Marla, no... -Dijo alarmado.

-Shhh...

Marla empujó y la polla empezó a estirar su ano, a vencer su resistencia.

-Marla! Basta!

-Come polla... -Dijo empujando y clavandole la cabeza de silicona.

-Ah! Despacio!

-Sí, despacio... despacio -Accedió Marla mientras movía suavemente su cadera introduciendo más y más el pedazo de silicona con forma de polla que tenía ajustado a su pelvis.

Cuando la polla entró por completo, Marla la dejó ahí un momento, mientras él se acostumbraba ahora a esa sensación. Luego, comenzó a mover su cadera, adelante y atrás, una y otra vez, follándole literalmente el ano.

Marla silenciosa seguía montándolo, hasta que quiso saber como se sentía.

-¿Te gusta? ¿Disfrutas ser follado? ¿Gozas teniendo una polla en tu culo? -Mientras aceleraba la penetración y golpeaba mas fuerte mientras le bombeaba silicona por el ano.

El, entregado a los placeres que recibía, perdida ya toda inhibición, sincerándose consigo mismo y dejándose disfrutar de las sensaciones, se lo confirmó.

-Sí, sí. Me gusta. Disfruto que me follen. Gozo con una polla en mi culo. No te detengas, sigue, no pares.

Y no se detuvo, se movió brutalmente en el ano, lo hizo gritar, lo pajeó mientras le daba por el culo, y se corrieron juntos, recibiendo ella su líquido ardiente y denso en su pancita, en sus tetas, y un poco en su cara. Pasó sus dedos sobre su cuerpo, esparciendo el liquido denso y luego los lamió, saboreando ese orgasmo ajeno.


5.

Días después, tuvo un mensaje de Marla, cuando ya creía que no tendría más noticias. Imaginó antes de leerlo, que le propondría otro encuentro. Pero se equivocaba. Sólo había un vínculo a TuPorno.tv un sito donde se publican vídeos sexuales.

Al ir a ese vínculo vio incrédulo un vídeo del trío que habían tenido. Era breve y se veía cuando Marla se lo había estado follando con la polla de silicona. Tenía la venda en los ojos, estaba atado, con las piernas abiertas y recogidas. Marla entre sus piernas estaba moviéndose dentro de su culo.

Samara los había filmado. Mostraba la escena completa para ir luego a un primer plano de su ano penetrado, pasando después a la cara de Marla moviendo los labios, pronunciando en silencio "puto" mientras lo señalaba. Luego se escuchaba cuando le preguntó si estaba gozando y él le decía que sí y que siga y no pare.

Vio que el mensaje iba con copia a todos los contactos de su vida pública, amigos, vecinos, amigos de la infancia y compañeros de su trabajo actual y de los anteriores.

En la vorágine descendente de desesperación por verse humillado ahora en público, mostrando a todos sus miserias, buscó las razones por las que esa puta lo hubiese expuesto de esta manera. Las razones por las que Marla deseara arruinarle la vida.

Pero las razones no eran de Marla.

Marla era solo el medio, para ese fin.

Las razones eran de otra persona.

Y la breve frase que vio debajo del vinculo lo confirmó:

"Te pillé, hijo de la gran puta. Saludos de tu, en breve, ex mujer".




jueves, 19 de agosto de 2010

Aquella noche de corrupción II

El turno de noche estaba siendo tranquilo. Los pacientes en la planta descansaban, los monitores reflejaban normalidad y el silencio la rodeaba.

Se estaba acostumbrando. Al principio odió trabajar en la guardia nocturna. Sola la mayor parte del tiempo, luego aburrida, pero antes, a veces, asustada. El hospital era enorme, largos pasillos, infinidad de puertas, ahorro energético y poca iluminación.

Se estaba acostumbrando. Realizaba la rutina y luego quedaba a la espera de algún imprevisto. Pero en su experiencia, la muerte por la noche se llevaba a pocos y se los llevaba en calma.

Su soledad era interrumpida únicamente por el médico que estuviera también de guardia, que pasaba en sus 3 rondas y luego ya descansaba esperando a que se lo necesitase. Esta noche compartía esa guardia con el Dr. Torres, quien no era especialmente una buena compañía. Dejaba claro la diferencia entre sus posiciones. No había acercamientos, ni calidez, simplemente el trato necesario requerido entre ambos para hacer el trabajo. Otros médicos eran mas llanos, mas cercanos. Eran personas antes que puestos de trabajo.

Así como siempre, el Dr. Torres se acercaba con paso decidido por el silencioso, vacío y oscuro pasillo, leyendo los informes de los pacientes. Ella desde su mesa veía los 4 pasillos en cruz que confluían en ese ambiente central donde se sentaba.

-Buenas noches, Dr. saludó.

-Buenas noches. -respondió apoyando el codo en el elevado mostrador sin quitar la vista de los informes- ¿Qué tal va la guardia?

-Bien, sin contratiempos. Ya se han realizado todas las rutinas. El paciente de la 408 solicitó algo para poder dormir...

-Sí lo veo en el informe -interrumpió-, lo demás normal.

-Así es.

-Bien, estaré en la sala de descanso, por si me necesita.

Notó como el Dr. Torres había dejado de mirar sus papeles por un breve momento y desde su posición de pié frente a ella, le miró el gran escote que esta noche llevaba. Luego volvió a los papeles. Esto no vino más que a confirmar una vez más que sus nuevos hábitos estaban dando resultados. Había perdido peso, cambiado su estilo de vestir, su peinado. Se estaba cuidando, y se notaba.

Ella iba a responder que gracias, cuando al móvil del Dr. Torres se lo sintió vibrar en su bolsillo. Lo tomo se alejo del mostrador, respondiendo en apagados susurros. Y así se alejó de nuevo por el pasillo. Sin dar las buenas noches, sin despedirse.

Se quedó recordando la mirada del Dr. Torres, directamente clavada en su escote. Se lo imagino en la sala de descanso, solo como ella, recordando esos pechos suaves que no había notado antes que esta enfermera tenía. Lo imaginó recostado en penumbras en el gran sofá, sin zapatos, ni bata. Con un brazo cruzado sobre sus ojos, con la manga de su costosa camisa recogida, el nudo de la corbata flojo, el primer botón del cuello suelto, y su otra mano sobre su plano vientre trabajado. Bajo su brazo, sus ojos cerrados veían esos pechos enormes. Y la imaginación trabajaba abriendo la bata de esa enfermera. Unas veces despacio, dejándola morderse los labios mientras exponía esos pechos a la desnudez, otras de un brutal tirón haciendo volar los botones por todo el ambiente. Y mientras le desnudaba los pechos en diferentes versiones, su fino pantalón se abultaba en la entrepierna...

...Imaginaba ella.

La mano sobre el vientre bajaba despacio hasta ese abultamiento, para examinarlo como buen médico. Lo palpaba, lo presionaba, diagnosticaba su erección. La mano entonces se metió bajo su ropa a la guarida de ese visitante inesperado, conjurado por unos pechos nunca antes tenidos en cuenta, hasta esa noche. Sintió una dureza incontestable, palpitante. Aplicó suaves masajes terapéuticos a la inflamación, lo que solo la empeoró.

Sus ojos aun cerrados en las penumbras, quedaron descubiertos cuando ambas manos se pusieron a desabotonar el pantalón, soltar el cinturón y bajarlo junto con su bóxer de tela, dejando al descubierto una enorme y limpia erección adherida a un par inflados y redondeados
testículos lampiños.

Una mano masajeaba esos testículos mientras la otra masturbaba su erección. Y el Dr. Torres movía su cadera lentamente acompañando imágenes lascivas de la enfermera dulcemente entregada al placer interprofesional.

En su mente el Dr. Torres se derramaba en ella, y en la sala de descanso lo hacía sobre él...

...Imaginaba ella.

Pero eran todas fantasías inesperadas producidas por un evento fortuito. Por una mirada depositada en el lugar preciso y a la vez descubierta con las manos en la masa.

Sintiéndose un poco excitada, pensó que lo mejor sería volver a trabajar. Y fue entonces que notó que el Dr. Torres había olvidado firmar el informe de su paso por la planta. Le hubiera divertido pensar que su inusual descuido se debía al espectáculo de sus pechos enormes compartidos por su generoso escote, pero sin duda se debía al llamado telefónico que había recibido.

Luego de considerarlo, decidió que lo mejor sería ir a buscarlo ahora, ya que luego estaría dormido, y si esperaba más quizá no pudiese encontrarlo antes de que se retirase. Tomó el buscapersonas al que los monitores avisaban sobre emergencias, el informe y se dirigió a la sala de descanso.

Al llegar golpeó despacio, como para advertir de su presencia, para despertarlo si estaba ya descansando, o por si su imaginación no había estado tan equivocada y lo sorprendía en pleno acto masturbatorio.

Pero no estaba allí. Se molestó, ya que allí debería estar por si ella lo necesitase en planta. No tenía al Dr. Torres por irresponsable. Aunque había rumores de un médico que se había vuelto adicto y estaba robando medicamentos, no se sabía quién era el médico y nadie sospechaba del Dr. Torres.

Pero ¿y si se tratase del Dr.? Mal visto, su comportamiento encajaría. No la miró a los ojos porque estaría colocado, con su mente nublada por las drogas olvidó firmar el informe, el llamado a estas horas no sería nada bueno, quizá un camello. Y la mirada a sus tetas, debida a la pérdida de inhibiciones.

Sin darse mucho crédito como detective, siguió buscándolo para que le firme el maldito informe.

Recorrió salas, pasillos, consultas, depósitos, y cuando estaba por salir de su veloz paso por la morgue, escucho voces, muy apagadas para ser de personal de la morgue, que suelen hablar sin preocuparse por molestar a nadie.

Se acercó despacio para ver al Dr. Torres y a otro enfermero, en el momento en el que el Dr. guardaba un frasco pequeño en su bolsillo y se aplicaba una inyección entre los dedos de sus pies descalzos. El boli resbaló de su mano y cayó sin hacer demasiado ruido, pero que en el silencio de la madrugada en la morgue fue como un cañonazo.

Ambos hombres miraron hacia la fuente del ruido y la vieron asomada por la puerta vaivén de doble hoja. Ella estaba estática a causa de lo que vio, dando la oportunidad al enfermero a levantarse rápidamente y meterla hacia adentro.

El enfermero la sacudió del brazo por el que la aferraba a la vez que le preguntaba que mierda hacía allí espiándolos. Ella asustada no decía palabra. Se dejaba sacudir. Sus ojos estaban muy abiertos y su boca cerrada.

Las sacudidas causaron que el botón que sostenía el escote de esos enormes pechos se soltase. Dejó ver el encaje blanco del sostén. Y más piel de esos pechos, a los que los ojos desencajados del enfermero se clavaron.

Ella los miró uno en uno y los vio ya bajo los efectos de las drogas. El enfermero la arrimó a una camilla vacía, que topó contra sus nalgas, y la hizo reclinarse hacia atrás mientras el empuje siguió un poco mas debido a la inercia de las drogas.

El Dr. pareció reaccionar al notar en ella un atisbo de morbo en su mirada, muy muy debajo del miedo que era evidente... y separó al enfermero de ella, que accedió a soltarla y alejarse unos pasos aunque un poco molesto.

-Ana... ¿qué hace aquí? -preguntó drogado pero aun así correcto.

-Lo estaba buscando para que me firmase el informe, no lo hizo.

El Dr. tomó la cartilla de las manos de la enfermera y la llevo a la camilla. Y por un momento parecía que fuese a firmar el informe. Pero dejó olvidada la cartilla y se le acercó de forma intempestiva recorriendo decidido esa corta distancia, mientras proyectaba una mano que se introdujo entre su piel y su sostén y comenzó a manosearle el pecho izquierdo.

Sorprendida no reaccionó, mientras la fuerza con la que el Dr. la manoseaba la movía hacia adelante y atrás.

-No Dr. -llegó a decir.

Pero esa mano había dado con su pezón y se centraba en estimularlo brutalmente. El enfermero testigo de la licencia que se tomaba el Dr. con la enfermera, tomo parte y se arrodilló frente a ella, tomando su bata desde abajo y tirando para abrírsela hacia arriba.

Ahí tenía botones volando por todo el ambiente.

Le destrozó su fina braga y rodeando sus piernas por las rodillas se las abrió de un tiron, que casi la hace caer por lo que apoyo sus manos en la camilla. Un segundo después tenía la cara del enfermero entre sus piernas, y a lengua dentro.

No podía creer lo que le estaba pasando, el Dr. no era tan suave como había imaginado que él imaginaba ser con ella. Era un drogadicto, que las robaba y consumía en el hospital. Y que ahora le arrancaba la ropa que le quedaba.

La lengua del enfermero la penetraba incesante, sentía la saliva en su entrada y como reciclada con sus propios jugos el enfermero luego bebía.

El Dr. le comía el cuello mientras sus manos daban cuenta de sus enormes pechos, de enormes pezones, y de la erección que tenían y no podía evitar que se produjera. Sentía miedo, la estaban violando dos compañeros de trabajo bajo los efectos de las drogas... y sentía morbo, latente, pero ahí estaba... era el que hacía que sus pezones se endurezcan.

De pronto ella y el Dr. se sorprendieron cuando el enfermero cansado ya de penetrarla con su lengua, se incorporó y la hizo girar, dejándola de cara a la camilla, para luego empujarla por la espalda inclinándola sobre la superficie acolchada. La fuerza de la manipulación le hizo vibrar las tetas y las nalgas.

El Dr. dio la vuelta y se detuvo frente a ella. El cinturón que imaginó que el Dr. aflojaba quedó frente a su cara. Vio como al final sí lo aflojaba, bajándose los pantalones revelando una semiereccion que acomodo en la boca sensual que ofrecía cada vez menos resistencia a esas dos voluntades drogadas.

Comió Dr. por delante y comió enfermero por detrás.

Se sentía sucia, puta, baja, y eso alimentaba el morbo que la drogaba. No necesitaba química externa, embotellada en pequeños frascos, toda la química que necesitaba para drogarse, la tenia dentro desde siempre, solo necesitaba que la inyectasen. Y la estaban inyectando.

Aferrándose con sus frágiles manos al borde de la camilla, era aferrada por la cintura por el enfermero que la penetraba despiadado y por la nuca por el Dr. que le daba su grueso miembro por la boca.

Sintió como a esos hombres se les engrosaban los miembros dentro de ella aun más. Estaban por alcanzar el éxtasis en su interior. Los escuchaba acercarse en sus jadeos animales, perdida toda urbanidad, todo civismo, habían vuelto a las cavernas.

Ella sin poder creerlo los iba a acompañar. Sus músculos empezaron a convulsionarse, sus ojos se cerraron muy fuerte, sus dedos se hundieron en la camilla acolchada, su postura cambio, elevando su cadera y arqueando su espalda para recibir al enfermero aun mas profundo, para sentirlo derramarse mas adentro, su lengua enloqueció alrededor del Dr. y así tuvo su orgasmo empujando a esos dos hombres a tenerlo con ella. Recibiéndolos a la vez.

Un momento después salían de ella despreocupados, sin preguntar como estaba ni si le había gustado. Aunque era evidente que sí, si no lo preguntaron no fue por esto, si no porque realmente no les interesaba.

A una puta no se le pregunta si le gustó.

Porque eso era lo que siempre había sido. Muy adentro, y muy adentro tuvieron que derramarse en ella para sacar esa puta a la luz. El Dr. y el enfermero eran unos drogadictos, sí.

Pero aquella noche cada uno tuvo su causa por la cual se corrompió.

viernes, 13 de agosto de 2010

Tu Precio - Sensuales Eufemismos


Siempre algo nuevo, siempre desafíos diferentes que hacen aún más interesante alcanzar ese premio que ya es mío por derecho, pero que voluntariamente cedo para intentar recuperar, una y otra vez.

Tu imaginación no tiene límites, mujer de amplios recursos, de vacíos tabúes. Soy una víctima gustosa de tu creativa tiranía. Nuestra relación jamás fue calma. Desde el principio dejaste tus condiciones claras, no hubo letra pequeña. Arriesgué y me entregué, y confirmé que quien no arriesga no gana.

Has puesto a prueba mi resistencia, mi tenacidad, mi voluntad de conquistar una y otra vez ese objeto que eres tú. Y el placer que generosa me proporcionas cuando lo consigo, entregándome tu cuerpo a mis mas oscuros deseos.

Tienes siempre un precio y siempre estoy dispuesto a pagarlo.

Aquella noche en la que me hiciste salir vestido de mujer y pasearnos por el centro de la ciudad y al volver en la cama tu tuviste actitud de hombre.

Cuando usaste cera caliente sobre mi cuerpo sin que tuviese yo que emitir sonido mientras lo hacías y luego la quitaste toda, derritiendola con el calor que brotaba de entre tus piernas.

La vez que para tenerte una semana sin desafíos tuve que hacerte el amor 15 veces la misma noche y luego no tuvimos energías ni para tomar una ducha.

Cuando me obligaste a mirar como le hacías el amor a aquella hermosa joven del exclusivo servicio de acompañantes, sin tener una erección para poder participar y luego filmarnos mientras tuvimos aquel trío mezcla de kamasutra y clase de yoga.

Aquel trío con el hombre bisexual, por quien tuve que dejarme dar una felación mientras te penetraba, para luego terminar en vuestras bocas y que luego tuve que hacerte el amor tan duro, tan fuerte, dándote placer y dolor a la vez, para reafirmarme que seguía siendo tu macho.

Cuando tuve que retratar tu cuerpo desnudo y que el retrato fuera de tu agrado y luego pintamos nuestros cuerpos al óleo mientras uno tenía debajo al otro.

La noche en la que me hiciste tener cibersexo con una desconocida mientras nos observabas y luego le regalamos una sesión de sexo en vivo mientras ella se masturbaba y nos ordenaba qué hacernos hasta que no pudo evitar terminar gritando con sus manos reemplazándonos.

Todas estas experiencias merecen un espacio, pero esto que me has impuesto, lo necesita.

Relatarte lo que haré cuando consiga cumplir este mandato, mediante sensuales eufemismos. Y eso haré.

Porque esta nueva condena, dará paso a la libertad de mi lascivia, una vez cumplida. Seré el amo de quién poco antes fue mi jueza y carcelera. Dominaré tu voluntad con hilos de perversión. Serás mi marioneta bailando el ritmo que mis manos te impongan.

Recorreré la cascada de tu pelo, susurrando en mi camino sucios conjuros que te llegan y cautivan, provocando reacciones sísmicas en la geografía de tu cuerpo.

La luz de tus ojos se nublará en cuanto la embriaguez del placer que proporciono haga que me miren entreabiertos.

Tu voluntad, antes férrea, indeclinable para hacerme cumplir condena, ahora es masilla que moldeo a mi antojo.

Tu rostro mira el cielo de tu cuarto, como dedicando una plegaria que escucho y atiendo con mis labios recorriendo el pilar suave de tu cuello.

Nuestras bocas se encuentran y unen en una conversación muda de palabras, moviéndose en una mímica de tenues gemidos ahogados mientras nuestras lenguas se visitan e invitan a recorrer sus aposentos, pero torpemente, topándose una y otra vez consigo mismas.

Mis manos buscan regiones cercanas y estratégicas en esta batalla que libramos y que he ganado desde el principio. Encuentran firmeza de los montes en tu pecho. Coronados por rosados y duros altares de piedra a los que llevo la ofrenda de mis dientes. La tensión superficial provocada por las ofrendas arquean los muelles de tu espalda que proyecta implacables tus montes a mi boca.

El coro de ángeles que escapa de tu boca, dedica armoniosos gemidos celebrando mis ofrendas.

Continúo el recorrido rodeándote entera, guiado por una brújula lasciva que me indica el camino, pero no el mas corto ni el mas rápido. Me lleva despacio, por lugares que no están en linea recta con mi destino y me obligan a tomar desvíos y a volver sobre mis pasos.

La hondonada de tus nalgas esconden en sus profundidades la entrada a otro tipo de placer, más animal, más perverso, más visceral. Desciendo las laderas deslizándome en mi lengua, hasta el valle donde encuentro esa entrada, y la recorro áspera al principio, pero laxa y húmeda tras pocas vueltas. La dejo atrás sabiendo que hoy será donde culmine mi viaje, con promesas de atenciones y placeres.

Alcanzo la infinidad de tus piernas, esculpidas columnas de sensual belleza. Las acaricio como un admirador ensimismado ante la obra de arte de su artista fetiche. Rindiendo pleitesía a esos objetos de culto, que si no fuese una herejía, ya tendrían su propia religión pagana. Las beso considerándome indigno, postrándome ante ellas, rogando a ese dios pagano que obre el milagro de su apertura, de su separación. El milagro de dividir las aguas, de liberar ese caudal de deseo que se contiene dentro tuyo.

Y el milagro se produce, se abren, se separan. Me siento alcanzado por el poder que se escondía tras ellas. Ese calor sobrenatural que me abrasa despiadado. Y que tiene origen en ese deliciosos irresistible capullo arrugado. Lo despierto entre caricias delicadas , susurros cercanos y pequeños besos. No pasa mucho tiempo hasta que lo veo desplegar sus rosados y húmedos pétalos.

No pasa mucho tiempo hasta que envío mi lengua a tus profundidades.

Tu cuerpo cobra vida, como poseído por mi lengua, que te maneja desde tu interior. Eres esa marioneta controlada por hilos de perversión.

Como enamorada de estas palabras, le haces el amor a mis labios. Pero no te permito terminar porque decidido me retiro. Pero un momento, como el cambio de turnos de los obreros. Sale uno y entra otro. El amo.

Entra. Sin pre aviso, sin cuidado, como dueño por su casa. Clavo mi bandera, reclamo tu territorio para mi Corona. Lo reclamo muchas veces. Y muchas veces capitulas.

Conquistador.

Señor de tu cuerpo, recorro mis dominios, a lomos de mi purasangre. Te cabalgo salvaje. Te dejas cabalgar.

Y retorno vencedor al valle de tus nalgas a dejar en esa cueva enterrado mi tesoro. Cavo en ti, con mi taladro percutor, profundizando el hoyo donde depositarlo. Te percuto y percuto. Hasta que la percusión da paso a el espasmódico procedimiento de depositarte mi tesoro. Son siete las partes que lo componen. Siete animales bombeos de lava ardiente.

Más allá de las montañas, escuche el eco de tu orgasmo.